Otra muerte en el TC: cuando el show no debe continuar

A pesar de estar acostumbrado a ver carreras, las imágenes de este domingo me sorprendieron. Las llamas abrazando no uno sino dos autos de Turismo Carretera llamaban la atención, hacía mucho tiempo que algo así no sucedía. Pero lo peor, por suerte (si cabe el término en este caso), no pasó por el fuego sino por la magnitud del impacto. Otra vez, como en (cuando le costó la vida instantáneamente a Gabriel Miller copiloto de Alberto Moya, quien murió días después), el golpe fue fortísimo. Uno a uno, pilotos y acompañantes fueron descendiendo de sus autos, pero en el Chevrolet número 47 (en el cual el fuego se empecinaba en no ceder) los auxiliares gesticulaban de manera ampulosa marcando la gravedad del estado del piloto . Acertadamente, de inmediato se mostró la bandera roja para facilitar el trabajo de bomberos y paramédicos; como era imposible sacar a Castellanos por la puerta o el parabrisas, rápidamente se cortó el techo de la Chevy.
Pero mientras la ambulancia partía rauda hacia el Hospital Regional de Comodoro Rivadavia para atenderlo, las autoridades de la prueba decidían relargar la competencia con el ordenamiento hasta la detención (vuelta 6). ¿Por qué? ¿Hacía falta? Si los periodistas apostados en el lugar del accidente y los propios involucrados en el choque ya intuían la gravedad de las heridas de Castellanos.
Cuando los autos se pusieron nuevamente en marcha me vino a la mente el recuerdo del . En aquella oportunidad los médicos de FIA sabían que el accidente de Ayrton Senna era gravísimo, mortal como terminó siendo, pero sin embargo el show debía continuar y mientras el brasileño exhalaba por última vez, sus colegas corrían como si nada, engañados por equipos y autoridades de la competencia.
Alguna vez los propios pilotos deberían tener la chance de tomar la determinación, , donde sin embargo debieron discutir con parte del público que exigía la devolución del dinero de las entradas.
Lo que pasa es que vivimos en una sociedad con los valores cambiados, en un país donde no se valora la vida, tan simple como eso. Entonces cuesta tomar conciencia de lo que realmente es importante y se compara lo más preciado con una entrada, un segundo de pauta en televisión, un punto de rating o una simple carrera de autos. Una carrera que en el preciso momento en que se conoció la noticia de la muerte de Castellanos (casualmente cuando terminaba la transmisión de TV, cuando los títulos anunciaban el final) pasó a ser anecdótica.

Sobre el Autor

Periodista. Amante de los autos de toda la vida y en los medios desde 1994, en 2006 le di forma a este blog. Más sobre mí haciendo clic en la casita ->

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